Betolaza

El trabajo de varias generaciones

Nuestra familia se ha dedicado siempre al cultivo de la vid, elaborando vino en el viejo calado de nuestra propia casa en Briones, vendiéndolo después a prestigiosas bodegas de nuestro entorno, siendo este nuestro modo de vida.

En el 2000, se creó la marca “Betolaza” comercializando únicamente, tinto joven. Es en 2006, cuando construimos una pequeña bodega familiar, dando comienzo a un nuevo proyecto.

La añada 2006 fue la primera uva elaborada en la bodega y primer vino destinado a la “Crianza”.

Uva con carácter y personalidad

El buen vino se gesta en la cepa, en pequeñas parcelas situadas en Briones, la mayoría terreno arcillo-calcáreo y clima de influencia atlántica. Cada una de ellas en función de la variedad, del terruño y de la edad, trasmiten a la uva su propia personalidad. Calvario, Calitrancos, el Cantillo, …etc. nombres cargados de viejas reminiscencias lugareñas.

A las viñas más viejas pequeñas y trabajosas, mi abuelo las llama “majuelos”, recordando aquellas viejas viñas de antaño que por estar situadas en laderas, se cultivaban en bancales o terrazas.

La filosofía “Betolaza” es recoger toda la uva a mano en su momento óptimo de maduración, seleccionando las mejores uvas en la propia viña.

Selección y cariño

Las uvas seleccionadas entran en la bodega, se despalillan y son impulsadas suavemente a los depósitos de elaboración, así, cada grano estará en perfectas condiciones en el momento de iniciarse la fermentación alcohólica, controlada por la temperatura y continuos remontados.

Acabada la fermentación alcohólica y prensado de la uva, el vino sufre una segunda fermentación (maloláctica) durante varios meses, a una temperatura entre 18ºC y 20ºC.

Finalizadas la fermentaciones, antes de su embotellado, el vino joven se trasiega varias veces, y así por decantación se eliminan las “lías” que se depositan en el fondo de los depósitos.

El vino obtenido de las uvas cuidadosamente seleccionadas, reposarán en las barricas de roble Americano o Francés con diferentes tuestes, durante 15 y 20 meses dependiendo de la añada. Estas ceden sus propios taninos y valores aromáticos, que se van fundiendo lentamente con los taninos del vino. Para que se produzca una simbiosis perfecta, se requiere equilibrio entre  el vino y la barrica.

La segunda fase de crianza se realiza en la botella donde se afina y redondea.

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